Porque mientras los índices continúan transmitiendo
una sensación de normalidad, incluso de optimismo, existe otro mercado mucho más importante que empieza a enviar señales que deberíamos escuchar.
Me refiero al mercado de deuda.porque este mes hemos tenido una de esas señales.
Estados Unidos colocó $42.000 millones en bonos a 10 años con una rentabilidad media del 4,683%, el nivel más elevado para una subasta de este vencimiento desde 2007.
La cifra, por sí sola, puede parecer simplemente un dato más.
Desde nuestra perspectiva de Liquidez Global, no lo es.
Porque cuando el Tesoro necesita pagar cada vez más para conseguir financiación, no estamos hablando únicamente de bonos. Estamos hablando de liquidez.
El precio de financiar al Estado empieza a importar
Durante años hemos hablado de los tipos de interés como si el único actor relevante fuese la Reserva Federal.
La Fed decide el precio del dinero a corto plazo.
Pero no decide completamente cuánto quiere cobrar el mercado por financiar al Gobierno estadounidense a 10, 20 o 30 años.
Ahí entra en juego algo mucho más profundo:
La confianza del mercado en la capacidad del sistema para absorber deuda.
Estados Unidos tiene un problema que no ha desaparecido porque las bolsas suban.
El déficit sigue siendo extraordinariamente elevado y la deuda continúa creciendo.
Las proyecciones del Congressional Budget Office sitúan el déficit federal de 2026 alrededor de los 1,9 billones de dólares, mientras que los costes de intereses se han convertido ya en una de las grandes partidas del presupuesto federal.
Y aquí aparece el círculo que deberíamos vigilar.
👉Más déficit.
👉Más deuda.
👉Más emisiones.
👉Más intereses.
Y más intereses significan, a su vez, una mayor necesidad de financiación.
Es un mecanismo que puede terminar retroalimentandose..
La inflación todavía no ha desaparecido
El segundo elemento de esta ecuación es la inflación.
El dato estadounidense de julio mostró una moderación hasta el 3,4% interanual.
Es una buena noticia respecto a meses anteriores, pero sigue siendo una tasa considerablemente superior al objetivo del 2% de la Reserva Federal.
Si la inflación permanece elevada durante más tiempo, el mercado tiene menos motivos para pensar que los tipos de interés pueden volver rápidamente a los niveles extraordinariamente bajos que vimos durante buena parte de la última década.
Eso cambia completamente la valoración de los activos financieros.
Y especialmente la de los bonos de largo plazo.
Por eso nuestra atención no está puesta únicamente en lo que diga la Fed.
Está puesta en lo que haga el mercado.
El mercado puede empezar a perder la paciencia
Durante mucho tiempo el sistema financiero ha funcionado bajo una premisa relativamente sencilla:
Si algo se rompe, aparecerá liquidez para repararlo.
Lo vimos después de 2008.
Lo vimos durante la pandemia.
Y el mercado ha aprendido a confiar en esa posibilidad.
Pero existe una diferencia importante.
Una cosa es rescatar un sistema financiero mediante liquidez y otra muy distinta es conseguir que el mercado absorba indefinidamente cantidades crecientes de deuda pública con rentabilidades bajas mientras la inflación permanece elevada.
Ahí la aritmética empieza a importar porque cuando aumenta el rendimiento exigido por los inversores, aumenta también el coste de financiación del Estado.
No es una cuestión ideológica. Es matemática.
El bono puede romper cosas que la bolsa todavía no refleja
Este es uno de los motivos por los que consideramos especialmente importante observar el mercado de deuda.
La bolsa puede permanecer aparentemente tranquila durante mucho tiempo.
Los índices pueden seguir subiendo.
Las grandes compañías pueden continuar presentando beneficios.
La inteligencia artificial puede seguir impulsando determinadas empresas.
Pero el mercado de bonos tiene otra función.
Es uno de los mecanismos fundamentales mediante los que se determina el coste del capital en toda la economía.
Si suben de forma persistente las rentabilidades de los bonos del Tesoro estadounidense, el impacto no se queda en Washington.
Afecta a las hipotecas.
Afecta a la financiación empresarial.
Afecta a las valoraciones bursátiles.
Afecta al coste de capital.
Afecta a los mercados emergentes.
Y, finalmente, afecta a la liquidez global.
Por eso insistimos tanto en mirar primero al mercado de deuda.
¿Y dónde entra aquí la liquidez?
En nuestra visión, la liquidez no aparece después de las noticias.
Es precisamente al revés.
Primero cambian las condiciones de financiación.
Después cambian los precios de los activos.
Y finalmente aparecen las noticias que intentan explicar lo ocurrido.
Cuando el mercado empieza a exigir más rentabilidad para financiar al principal emisor de deuda del planeta, deberíamos preguntarnos qué está ocurriendo con la liquidez disponible para absorber esa deuda.
Porque el problema no es solamente cuánto dinero necesita Estados Unidos.
El problema es quién está dispuesto a prestárselo, a qué precio y durante cuánto tiempo.
El gran dilema: ¿inflar o ajustar?
Aquí regresamos a una cuestión que llevamos tiempo siguiendo.
El sistema tiene dos caminos.
Puede aceptar un ajuste fiscal y monetario que implique asumir las consecuencias de los desequilibrios acumulados.
O puede intentar evitar el ajuste mediante nuevas formas de liquidez.
Más inflación.
Más expansión monetaria cuando llegue el momento.
Más intervención.
Más mecanismos para canalizar ahorro hacia deuda pública.
Más ingeniería financiera.
Probablemente, llegado el momento, veremos una combinación de varias de estas herramientas.
Porque la alternativa —un ajuste brusco del precio de los activos y del coste de financiación— puede resultar políticamente y económicamente demasiado dolorosa.
Por eso seguimos utilizando una expresión que resume buena parte de nuestra visión:
inflar o morir.
No hay que esperar a que el problema aparezca en la portada
Quizá el error sea esperar a que la bolsa confirme el problema.
Cuando el S&P 500 empiece a caer con fuerza, cuando las empresas comiencen a revisar beneficios o cuando aparezcan titulares hablando de crisis de deuda, probablemente ya será demasiado tarde para identificar el origen.
El mercado de bonos suele hablar antes.Y ahora mismo está hablando.
No significa que mañana vaya a producirse una crisis pero estamos entrando en un momento estacionalmente complicado.
📈 Estacionalmente, el #SP500 está entrando en su tramo estacional más débil,que típicamente se extiende desde mediados de agosto hasta principios de octubre. #SP500 #Mercados #LiquidezGloba pic.twitter.com/A3hckIOoWf
— Javier López (@jlopezrguez) August 24, 2026
El coste de la deuda estadounidense merece nuestra atención.
Porque una rentabilidad del 4,68% en el 10 años no es simplemente un número.
Es el precio que el mercado está poniendo a la financiación del sistema.
Y cuanto más deuda existe, más importante se vuelve ese precio.
La liquidez vuelve a estar en el centro
En Liquidez Global no intentamos adivinar qué titular aparecerá mañana.
Intentamos observar dónde se están produciendo los cambios que acabarán generando esos titulares.
👉Por eso miramos la deuda.
👉Por eso seguimos la curva de tipos.
👉Por eso vigilamos la inflación.
Y por eso prestamos especial atención a los bonos de largo plazo.
Si el bono a 30 años se va a 7,5%, los tipos elevados van a poner bastante presión a la bolsa: Sube el precio del dinero y las valoraciones de las acciones suelen sufrir.
— Javier López (@jlopezrguez) August 12, 2026
Gráfico de largo plazo con las proyecciones pic.twitter.com/lO0BmE0gNf
La bolsa puede seguir transmitiendo tranquilidad.
Pero si el mercado de deuda empieza a exigir una prima cada vez mayor para financiar al Tesoro estadounidense, esa tranquilidad puede terminar siendo solamente aparente.
Porque los mercados pueden ignorar muchas cosas durante bastante tiempo.
Pero no pueden ignorar indefinidamente la aritmética.
Primero se mueve la liquidez. Después aparecen las noticias.
Y esta vez quizá sea el bono quien esté intentando contarnos la historia antes que la bolsa.
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Javier López
Analista de Liquidez Global y Mercados Financieros
Primero se mueve la liquidez. Después aparecen las noticias.
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