Generación Z y el Riesgo

 


Hay algo que debería preocuparnos especialmente en los mercados financieros: la forma en la que las nuevas generaciones están percibiendo el riesgo.

Durante los últimos años hemos asistido a una combinación especialmente peligrosa: mercados alcistas prolongados, una enorme facilidad para acceder a los mercados y una generación de inversores que, en buena parte, no ha vivido todavía un auténtico mercado bajista.

Si dejamos al margen la caída de 2022, relativamente breve en comparación con otros episodios históricos, la última gran tendencia bajista fue la de 2008. Y muchos de quienes hoy participan activamente en los mercados comenzaron a invertir después de aquella crisis.

Eso significa que una parte importante de los inversores jóvenes no conoce por experiencia propia lo que significa un mercado realmente duro.

Y cuando no se ha vivido el riesgo, es muy fácil acabar infravalorándolo.

¿Qué entendemos hoy por riesgo?

Las noticias aparecidas recientemente ofrecen un ejemplo que, como mínimo, debería hacernos reflexionar.

Según los datos que se han difundido, el 26% de los inversores de la generación Z —personas nacidas aproximadamente entre 1997 y 2007— declara que las apuestas deportivas forman parte, de manera deliberada y continuada, de su estrategia financiera a largo plazo.

El dato es sorprendente.

Dentro de ese porcentaje, un 11% considera las apuestas deportivas una estrategia de alta rentabilidad, mientras que otro 15% las contempla como una forma rápida de conseguir dinero.

Y aquí aparece una cuestión fundamental: ¿en qué momento hemos empezado a considerar una apuesta como parte de una estrategia financiera de largo plazo?

Las apuestas deportivas pueden generar beneficios para determinadas personas, del mismo modo que prácticamente cualquier actividad especulativa puede hacerlo. Pero eso no significa que sean equivalentes a una inversión tradicional ni que constituyan una estrategia razonable para la mayoría de los ahorradores.

Para obtener resultados sostenibles mediante apuestas deportivas se necesita conocimiento, preparación, análisis estadístico, disciplina y una gestión del riesgo extraordinariamente rigurosa. Y, aun así, existe una incertidumbre considerable.

Confundir la posibilidad de ganar dinero con una estrategia de inversión sólida es precisamente uno de los errores que más deberíamos evitar.

La edad parece importar

Lo más llamativo de estos datos es que la percepción cambia enormemente según la generación.

El porcentaje que considera las apuestas deportivas una estrategia financiera de largo plazo sería:

  • Generación Z: 26%

  • Millennials: 14%

  • Generación X: 6%

  • Baby boomers: 1%

            Fuente: SerenityMarkets

La diferencia es enorme.

Evidentemente, estos porcentajes no significan que todos los jóvenes tengan una visión irresponsable de la inversión. Sería absurdo generalizar. Hay muchísimos inversores jóvenes extraordinariamente prudentes, formados y conscientes de los riesgos.

Pero sí parecen mostrar un cambio generacional en la manera de interpretar qué significa asumir riesgo.

Y ese cambio merece atención.

Cuando el riesgo deja de parecer riesgo

Hay otro dato todavía más llamativo: el 52% de los inversores de la generación Z habría desviado durante el último año dinero destinado inicialmente a invertir hacia las apuestas deportivas.

Esto ya no habla solamente de una curiosidad o de una actividad de ocio.

Habla de dinero que tenía un destino financiero y que se dirige hacia una actividad especulativa porque se percibe como una oportunidad atractiva para obtener rentabilidad.

Y aquí es donde debemos detenernos.

Porque quizá el verdadero problema no sean las apuestas deportivas en sí mismas. El verdadero problema es la transformación del concepto de riesgo.

Si una persona considera normal apostar parte de su capital destinado a invertir, probablemente tenga una tolerancia al riesgo muy diferente a la que tenía un inversor de generaciones anteriores.

El problema aparece cuando esa misma percepción se traslada a los mercados financieros.

¿Qué ocurre cuando todo parece una oportunidad?

Cuando una generación crece en un entorno en el que los mercados suben durante largos periodos, las correcciones parecen oportunidades de compra y las nuevas tecnologías permiten operar en cuestión de segundos, es comprensible que aparezca una sensación de confianza.

El problema es cuando esa confianza se convierte en exceso de confianza.

Y entonces empiezan a aparecer comportamientos que hace unos años nos habrían parecido extraordinariamente arriesgados.

Se buscan rentabilidades rápidas.

Se confunde especulación con inversión.

Se interpreta la volatilidad como una oportunidad garantizada.

Y, sobre todo, se pierde de vista algo tan sencillo como que también se puede perder dinero.

Mucho dinero.

El mercado siempre termina poniendo a prueba las convicciones

Esta es probablemente la parte más importante de todo el debate.

Los mercados financieros tienen una capacidad extraordinaria para recompensar la disciplina a largo plazo, pero también para castigar la complacencia.

Una persona que nunca ha experimentado una caída del 30%, del 40% o del 50% puede pensar que tiene una gran tolerancia al riesgo.

Hasta que llega la caída.

Es muy sencillo decir que se está dispuesto a asumir riesgo cuando la cartera sube. Es completamente diferente mantener esa convicción cuando vemos pérdidas importantes durante meses o años.

Por eso las grandes crisis financieras tienen también un componente educativo.

El problema es que esa educación suele ser muy cara.

¿Y qué sucede con las burbujas?

Aquí es donde el cambio en la percepción del riesgo puede resultar especialmente preocupante.

Si consideramos razonable asumir riesgos cada vez mayores para conseguir rentabilidades rápidas, será mucho más difícil aceptar que determinados activos pueden estar sobrevalorados.

Y será todavía más difícil asumir que un mercado puede encontrarse en una burbuja.

Cuando prácticamente todo el mundo gana dinero, resulta incómodo decir que los precios son demasiado elevados.

Cuando las acciones llevan años subiendo, advertir sobre una posible corrección parece pesimista.

Y cuando determinados comportamientos especulativos se normalizan entre los inversores, hablar de riesgo puede parecer incluso anticuado.

Pero el precio de un activo no deja de ser excesivo porque una generación entera haya decidido que ya no lo es.

La historia no ha cambiado

Los mercados pueden cambiar. La tecnología cambia. Los productos financieros cambian. Las plataformas de inversión cambian.

Pero hay algo que no cambia: la relación entre rentabilidad y riesgo.

No existe una rentabilidad elevada sin asumir algún tipo de riesgo.

Y cuanto más fácil parece conseguir dinero rápidamente, más importante resulta preguntarse qué riesgo estamos asumiendo realmente.

La cuestión no es demonizar a una generación ni afirmar que los jóvenes inversores carecen de conocimientos. Al contrario: muchos están mucho mejor informados y tienen acceso a más información que cualquier generación anterior.

La cuestión es otra.

Tener más información no significa necesariamente tener una mejor percepción del riesgo.

Y esa diferencia puede resultar decisiva.

El verdadero peligro es confundir confianza con experiencia

Quizá estemos ante una de las paradojas de nuestro tiempo.

Nunca habíamos tenido tanto acceso a información financiera. Nunca había sido tan sencillo comprar y vender prácticamente cualquier activo. Nunca habíamos dispuesto de tantas herramientas para analizar los mercados.

Y, sin embargo, podemos estar asistiendo a una pérdida de respeto por el riesgo.

Porque una cosa es saber que las bolsas pueden caer y otra muy diferente haber vivido cómo una cartera pierde la mitad de su valor.

Una cosa es leer sobre una crisis financiera y otra muy diferente atravesarla.

La experiencia no garantiza acertar, pero sí suele aportar algo fundamental: humildad.

Y en los mercados financieros, la humildad es una de las mejores formas de protección.

Por eso, más que preguntarnos cuánto riesgo están dispuestos a asumir los inversores jóvenes, deberíamos preguntarnos si realmente comprenden el riesgo que están asumiendo.

Porque si llegamos al punto en el que apostar se percibe como invertir, ganar dinero rápidamente se confunde con construir patrimonio y una larga etapa alcista se interpreta como la nueva normalidad, quizá el problema no sea solamente lo que están haciendo los inversores.

Quizá el problema sea que hemos empezado a olvidar una de las reglas más antiguas de los mercados:

el riesgo nunca desaparece. Solo cambia de forma.


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Javier López

Analista de Liquidez Global y Mercados Financieros

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